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lunes, 13 de diciembre de 2021
“Una Transformación radical, implica vivir una reforma Educativa todos los días, en la cotidianidad de las aulas y la escuela”.
El estudiante que egresa de una normal con la añoranza de ser docente y con ello, compartir y crear conocimiento, tiene como una de sus mayores avideces ser capaz de vivenciar y experimentar lo que durante varios años ha estudiado, gusta de poder encontrar un trabajo que le demande usar lo que sus metores comentaron era esencial conocer al estar en su sitio de trabajo, siente la necesidad asumir la presión de ser responsable de un conjunto de alumnos, guiándolos durante su aprender, pero lo más importante gusta de experimentar, aprender y enfrentar retos que le permitan formar un personalidad profesional, donde converja su forma de ser, sus aficiones, intereses y sobre todo sus expectativas.
Entonces ante todos esos retos que demandan conocimiento, actitud y proactividad ese docente en formación con un título y con poca experiencia es que tiene la oportunidad de demostrarse así mismo que es bueno en lo que hace, en las decisiones que asume y que es el idóneo para desempeñar la función para la que se preparó durante varios años enciclopédicamente; en anexión aprende a desarrollar hábitos, control de sus emociones laborales y por ende asume compromisos de trabajo donde su vocación sumado a su personalidad pertinente el desarrollo interpersonal del nuevo docente.
También es importante considerar que en la interacción que se presenta entre su personalidad, el contexto, los distintos actores, y los retos del mismo entorno, es que el docente asume actitudes de mejora o decaimiento, justifica o modifica su trabajo, busca la calidad o merma su habilidad profesional para enfrentar los retos con emoción, pasión, trabajo y resiliencia. Quizás esa es una de las posibles razones del porqué aún con escasos años de trabajo muchos docentes se muestran fastidiados, con hartazgo o desmoralizados con los resultados que su actuar ha provocado en el campo de acción, pues debido a que ser docente implica constantemente una interacción con los valores sociales, los estereotipos y las expectativas; la fortaleza de pensamiento y vocación deben ser una labor que se enriquezca día a día para evitar perder la pasión, vocación y sueños por mejorar lo que el sistema educativo y la sociedad que se educa en el mismo, muestran como los posibles peores perfiles que el docente quisiera experimentar algunas veces.
Ante las vivencias citadas arriba la autorreflexión, la búsqueda de acompañamiento y no dejando de lado los sueños por siempre buscar el beneficio social se espera que el docente sienta como un cobijo la necesidad de profesionalizarse para hacer mejoras en su proceso de enseñanza, entonces cuando el docente encuentra en este proceso (profesionalización), las respuestas de sus frustraciones, dudas y querellas con la labor y en su actuar, el aprendizaje y el dialogo que entre docentes se pueda llevar compartiendo áreas de oportunidad y experiencias exitosas o desaciertos permiten mostrar que en la profesionalización se halla una oportunidad para animar y alentar el buen desempeño docente.
Así entonces podría visualizarse que la mejora en el aula, tiene un sólido sustento y posibilidad en la profesionalización docente siempre que sea vista como el compromiso de los profesores en fortalecer la práctica educativa mediante la reflexión e integración de elementos didácticos y pedagógicos congruentes a los modelos educativos institucionales, al diagnóstico socioeducativo y en consecuencia al contexto, aunado a la oportunidad para que el docente se incluya en redes de colaboración pedagógica, donde el pueda redirigir sus expectativas, percepciones y experiencias dentro del aula.
Vista la profesionalización del docente desde esta mirilla, de llevarse a cabo, será un gran impacto en la enseñanza de los educandos. Pues, para desempeñarse con ética y calidad, la docencia exige una serie de requisitos no comparables con los de otras profesiones, donde la pasión, el amor, la vocación y la formación continua deberían ser modus operandum trivial que los docentes deben admitir y estas virtudes solo pueden robustecerse con asumir el compromiso de estar inmersos en un proceso de adquisición de aprendizajes de alto nivel de complejidad, que incluye aspectos cognoscitivos, sensoriales, emocionales e inclusive desarrollos psicomotrices específicos y aspectos socioafectivos que se aprende en un entorno áulico, se desarrolla en el también aparente entorno nuevamente áulico pero que desembocan en el actuar social de todos los participantes de esa aula.
Hasta este momento, entonces se asumen las ventajas de la profesionalización como la gran oportunidad de participar de forma activa en la construcción de una educación de calidad. Sin embargo, es menester mirar como entre algunas de las limitantes para que el docente se pueda profesionalizar al tiempo que no pierde su personalidad y se ve a si mismo como un ser social además de solo docente: en primer lugar, estarían los bajos sueldos (tanto en sector público, como privado), en comparación al pago que implica profesionalizarse a nivel posgrado por ejemplo.
En segundo momento la carga administrativa que demandan las escuelas, ésta, es en temporadas tan estricta y amplia que demanda mucho más tiempo que el destinado dentro la jornada laboral, en un tercer factor centraría al logro del equilibrio entre la vida familiar y difícil la tarea de organización con la ya absorbente vida escolar, en un cuarto factor estaría el poco apoyo para el docente que garantice aumentar en horas (cuando se habla de hora/semana/mes)o prestaciones antes de asumir nuevas contrataciones, así también deberían considerarse los procesos de promoción que signifique un mejor sueldo, la baja prioridad de ser especialista en lo que se sabe y estudio abriendo la posibilidad a miles de profesiones que al no ser exitosos en lo que querían laborar asumen a la enseñanza como un ¡ya de a perdida la hago de maestro!
Considero que estos factores son a veces las causantes del desanimo y frustración de miles de docentes año tras año egresan y no encuentran trabajo, o de los que ya dentro del campo laboral observan que se requiere no solo compromiso, saber y vocación sino además aguantar las inclemencias que el sector educativo exige, pero no necesariamente premia.
Así entonces, la profesionalización es una necesidad básica dentro del proceso enseñanza aprendizaje tanto al momento de ingresar, permanecer, desarrollarse y será muy necesario que todo aquel que participa dentro del sistema educativo sea consciente de la instancia de actualización y muy tolerante al saber que las observaciones, conjetura e inquietudes que se deriven de ella, siempre deberán apuntar a una mejora, con lo cual no se deberá perder la dirección de buscar el bien común, sobre el logro individual, pues solo al estar consciente de ello profesionalizarse además de un logro profesional, encausara nuevos horizontes para ser mejor profesor, amigo, compañero, consejero, guía, facilitador, couch, y todo rol que nos toque jugar con las actualizaciones que el medio educativo implique.
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