¿El
aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a
propósito de unos contenidos cualesquiera?
¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Sin duda alguna el proceso de
aprendizaje no puede ser denotado como un proceder superficial y futil, sino
todo lo contrario, y es que, aun cuando pocas veces reflexionamos o comprendemos como
el ser humano aprende, indiscutiblemente
los principales procesos cognitivos inherentes a la naturaleza humana maduran
de manera ordenada en el desarrollo humano y las experiencias pueden acelerar o
retardar el momento que estos hagan su aparición, llevando finalmente al
complejo proceso denominado Aprendizaje, lo cual implica que las experiencias y
situaciones que vivimos tengan un gran peso dentro de la información (datos)
que recibimos de nuestro entorno. Es decir aquello que provienen del contexto
social y ambiental, lo cual no es apreciado sino hasta que presentan un uso.
Justamente en razón de lo anterior ser
un ser competente es prioridad dentro de la vida diaria y lo que hace
comprender que dentro de este proceso educativo entendemos como competencia,
a una construcción social de interacción reflexiva y funcional de saberes
significativos -cognitivos, procedimentales, actitudinales y
metacognitivos- enmarcada en principios valórales, que generan evidencias
articuladas y potencia actuaciones transferibles a distintos contextos apoyadas
en el conocimiento situacional (holístico, contextual y correccional),
identificados a través de certezas transformadas en realidad.
Así, dentro del ámbito de competencia podemos distinguir
diferentes tipos de saberes con lo que
se alcanza un fuerte grado de interacción; dado que el sujeto es consciente de
cómo y por qué se aprendió se persigue la meta cognición; con esta ultima el
deliberar de qué formas se dan estas relaciones, además de identificar las
posibilidades de mejora nos conllevan a una profunda reflexión. Entonces saber,
poder, y querer se alinean rumbo a un mismo objetivo que persigue la funcionalidad.
En toda la consecusion de
procedimiento se halla presente un conocimiento de base p también llamado
previo, pero también un conocimiento que se desarrolla en la propia aplicación
o realización de determinada actividad, dando como resultado la improvisación
sustentada en un conocimiento situacional; por ello es conveniente examinar la
naturaleza del conocimiento y no sólo utilizarlo como una herramienta
disponible (Edgar Morin); así los saberes implícitos en la competencia
considerarían un meta conocimiento en el que se es capaz de reconocer e
identificar el error y la ilusión, y un saber estratégico, que hace
"referencia al saber implícito del experto que está en la base de su
capacidad de utilizar conceptos, hechos, y procedimientos a fin de realizar
tareas y resolver problemas".
Es aquí donde las estrategias de
enseñanza como docentes surgen con gran relevancia, pues el planificar
contenidos que sean útiles y en simultaneo lúdicos para nuestros
alumnos, es un reto; por otro lado el ubicarlos en situaciones
problemáticas reales de la vida cotidiana o global y obtener soluciones y
aprendizajes significativos, se traduce en que como docentes nos mantengamos a un lado de
ellos a fin de obtener un aprendizaje también y a partir de ahí tener la
posibilidad de reflexionar a fin de fortalecer las deficiencias y ponderar las
posibilidades de éxito.
A manera de discurso se ha comentado
indefinidamente que el evaluar dentro de la educación no debe basarse tan sólo en lo conceptual o enciclopédico,
pero, cómo evaluar los procedimientos, actitudes y valores de los alumnos,
cuando en ocasiones el ser objetivo es una tarea bastante atenuante, dado que el intervenir de situaciones ajenas o que
influyen pueden ser tomadas como factor dentro de la misma ponderación. Así entonces, la
evaluación es un proceso y no únicamente de los temas más complejos del quehacer
educativo por qué en él intervienen factores institucionales,
ideológicos, metodológicos y personales.
La evaluación vista como un proceso y no
sólo una calificación consiste en realizar un juicio a partir de la reflexión de
todo el proceso de enseñanza aprendizaje, sin pasar por alto la consideración del
contexto que la rodea. Calificar, medir, acreditar, certificar, retroalimentar
y tomar decisiones son facetas de la evaluación, que integradas de forma idónea
dentro del proceso educativo pueden acercar más a los procesos de formación,
pues se trata de evaluar para construir el saber, para intentar hacerla más
cercana y verdadera en relación al desempeño de los alumnos, para que se
transforme en un intento por ver, reconocer, validar, y emitir un juicio, en un
momento determinado del aprendizaje asimilado, expresado y reconstruido por
parte de nuestros alumnos, lo que sin duda repercutirá en crear el habito de la
retroalimentación en y sobre la practica docente.

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